Feminismo

Estos días estamos alborotadas, muchas de mis amigas y yo, en Facebook. Una “periodista” ha escrito en un periódico digital de corte feminista unos textos – ella los llama “artículos”, pero no tienen ni la calidad, ni el contenido de lo que debería ser un artículo de verdad – donde acusa e insulta directamente a las mujeres que, según ella, NO son madres como ella juzga que deben ser.

¿Curioso, no? La contradicción no podía ser mayor. Hablamos de un periódico feminista y de una colaboradora que pone a parir a las mujeres que no entran en su imagen machista limitada – muy limitada – de ideal materno patriarcal. Es decir, una madre que castigue, sí, señoras, al bebé, que sepa él que “su madre no está allí para su disposición”, no sea que crezca sintiéndose querido, respetado y, sobre todo, escuchado en cualquier momento. No, señoras, que sepa desde el principio que él es un objeto, que tiene que estarse quieto en un rincón hasta que la adulta se digne en ocuparse de él y que no moleste en absoluto a los adultos que deben cuidarlo.
Genial. De un plumazo borra del panorama todas las investigaciones recientes sobre desarrollo infantil, sobre neurociencia, psicología pre y perinatal, la maternidad con apego que la humanidad lleva practicando desde hace millones de años, sobre lactancia natural y las bondades de la misma para la salud de la madre y del bebé, la variedad infinita de manifestar y desarrollar el instinto maternal (no hay ninguna madre que actúe exactamente igual en relación a sus retoños), y todo lo científico relacionado con las hormonas y la fisiología del parto y de la maternidad.
Michel Odent, Casilda Rodrigañez, Jean Liedloff, David Chamberlain, Sue Gerhardt y todos los estudiosos del mundo materno de los últimos decenios que han revelado o descubierto la importancia del cuidado y la atención materna hacia el bebé, la importancia de la crianza con apego para la salud física, emocional, mental y fisiológica del bebé y de la madre y de la sociedad, en general, TODO ESTO y TODOS, que se vayan a la porra, que la señora en cuestión, que ondea con gran orgullo la bandera feminista, los ignora por completo y le importan un pepino.
La ciencia que se vaya a la basura, que ella sabe mejor, oiga. Cómo no, es que ni siquiera es madre. Como no, es que ni siquiera ha estudiado, aunque sea un cursillo de nada sobre maternidad o sobre biología humana o sobre puericultura, aunque sea una clase magistral o algo. No, su mundo es el del cine y no le interesa informarse en absoluto sobre otras cosas aunque se permite escribir sobre todo, desinformando o incluso dando información falsa y contraproducente a los desprevenidos.
Ella sabe mejor que todos porque ha visto a su abuela ejerciendo de matriarca y decidió que no le gustaba hacer esto, no le gusta ser mujer, no le gustan las cualidades femeninas, no le gusta la disponibilidad que suele ofrecer una madre por instinto a sus hijos en un entorno natural y sin presiones culturales y sociales para poder asegurarse de que criará seres humanos sanos y enteros de adultos.

Porque todas las madres del mundo mamífero así lo hacen, descuidan y no le dan ninguna atención a sus crías, las ignoran, y las tienen sólo porque no queda más remedio y, una vez nacidas, mejor que se enteren quién es la ama, que no se piensen que su madre es “su esclava” (modo irónico on).
Esta visión de la maternidad (y de ser mujer, en general) es tan cruel y tiene una mala baba tan increíble y es tan machista, que me pregunto cómo es posible que esta señora diga que “es feminista” y escriba en un periódico que dice que promueve valores “feministas”.
Mmmm, ¿dónde está el feminismo aquí?? Porque incluso buscándolo con lupa no lo encuentro. Lo único que veo es machismo puro y duro, desprecio absoluto por los valores feministas y cualidades femeninas por antonomasia – paciencia, bondad, entrega, amor, cariño, equidad, justicia, trabajo y alegría, placer y optimismo, sentido común y sabiduría.
Sí, porque ser madre comprende todo lo enumerado. Ser madre no significa “sacrificarse” como nos lo presentan los machistas de turno, ser esclava de los hombres y hacer lo que ellos decidan y ser la madre perfecta según la imagen que ellos desean.
Ser madre significa ser LIBRE, elegir lo mejor para sí misma, y para los hijos, y para la familia. ELEGIR y NO JUZGAR a los demás por elegir a su vez lo mejor para sí mismos. La libertad supone admitir que los demás también tienen libertad.
Ser madre para mí ha supuesto aprender a ser mejor persona: a tener más paciencia, a saber poner límites a mi tiempo y disponibilidad, pero ser flexible a la vez, a entregarme sin reservas cuando mis hijos lo necesitaron, pero a saber buscar mi propio tiempo y espacio donde pueda recargar pilas y descansar para poder ofrecer lo mejor de mí, a cuidarlos y a cuidarme a mí misma para poder seguir cuidándolos, a amar sin reservas y de forma incondicional, a ser justa y a repartir de forma equitativa todo para todos, a disfrutar con mis hijos y a reírnos y a bromear y a desarrollar de forma sana el sentido del humor junto con el sentido común, a aprender a ser libre y a usar mi libre albedrío y mi derecho a ELEGIR, a cooperar y a negociar y a usar mi intuición de forma sabia.
Todo esto ha supuesto ser madre desde mi punto de vista y me ha empoderado tremendamente como mujer y como ciudadana porque ahora sé mejor qué quiero de mí misma y de la vida, me ha ayudado a desarrollar unas habilidades que ni sabía que tenía y que me ayudan diariamente en mis tareas, me ha abierto unos universos mentales insospechados para mí, me ha hecho más luchadora, más atractiva, más sana y alegre, más fuerte y más sabia. Y más libre, desde luego, pero también más responsable, y más consciente de mi poder, para bien o para mal.

Ser madre ayuda a desarrollar unas facetas que de otra forma se quedan en estado latente en todas las mujeres – con algunas excepciones. No quiero decir con ello que no ser madre es peor – antes de decidir tener hijos yo era una persona ya con muchas inquietudes de todo tipo,  con vida social y cultural – pero no puedo negar que después de parir he tenido que madurar por narices y he crecido como persona a dimensiones insospechadas. ¿Por qué? Pues, fácil, porque tener a tu cargo un bebé que ha salido de tus entrañas, tener la responsabilidad tremenda de criar y formar un ser humano desde todos los puntos de vista (salud, mente, cuerpo, intelecto, comportamiento etc.) TE CAMBIA, te empodera, te hace ser más consciente de la importancia de ser buena persona para poder ofrecer el mejor ejemplo. Porque los seres humanos, y los mamíferos en general, así crecemos y nos educamos, observando y copiando actitudes y comportamientos, imitando a los adultos de nuestro alrededor, asimilando e interiorizando lo que vemos, tal cual.
Por eso, por mucho que duela, siempre, SIEMPRE habrá una diferencia tremenda entre una mujer sin hijos y otra con. Y no digo que ninguna sea mejor, simplemente digo que una maternidad bien entendida y llevada siempre nos hará a algunas más pacientes, más sabias y más feministas en el sentido REAL de la definición.

Así que, niñas, por la Diosa, dejad de esperar peras de los olmos, de verdad.
Estos días he visto hermosas mujeres a mi alrededor que deseaban de corazón la cooperación entre todas, que desean que todos los feminismos puedan colaborar en armonía. Mi pregunta es: ¿todos los feminismos? Feminismo sólo hay uno, lo tengo claro, y es el de estas hermosas mujeres, porque lo de otras es machismo puro y duro disfrazado de “feminismo” de pacotilla.
El feminismo verdadero, real, apoya y defiende a las madres, a las mujeres, la maternidad con todo lo que ello conlleva – variedad incluída. El feminismo real reconoce la libertad de elección y no juzga a nadie. El feminismo de verdad acepta los valores femeninos como válidos y fuertes, admite que ser mujer es bonito, respeta el poder y la autoridad femenina, respeta la sabiduría y la lógica, la intuición y la razón, reconoce las propias limitaciones y los errores o los fallos, y sigue adelante aprendiendo de los errores e intentando superar los limites elegidos o aceptando los que no se pueden cambiar. El feminismo de verdad es HUMANO y AMOROSO.
No vale la pena volverse muy loco con los machistas patriarcales, no suelen ser famosos por su comprensión, cariño, flexibilidad, tolerancia, sentido común, respeto, inteligencia y sabiduría. Niegan hasta la evidencia y son cabezotas hasta lo irracional (de otra forma no me explico ni las afirmaciones absurdas e insultantes de la impresentable que nos preocupa estos días, ni las de sus amigos, igual de absurdas e insultantes).

Lo dicho, no hay que buscar feminismos donde no los hay. En algunos sitios se presume de ello, pero es fachada. Si rascas un poco te encuentras el machismo más rancio posible, el que no respeta lo “diferente”, el que ordena y manda cómo debemos ser la madres, las mujeres, las feministas, los niños, las lactancias y lo demás. Porque para ellos seguimos siendo objetos y debemos obedecer para tener la imagen y semejanza de sus cabezas cuadradas y mentes cerradas.
No, ninguno es feminista. Ni es experto, ni es madre. No tienen ni la más remota idea, ni les interesa documentarse o informarse, pero se permiten juzgar, insultar, hacer pública su ignorancia y soberbia, sin responsabilidad alguna, con una falta de ética y profesionalidad patente.

Anuncios